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sábado, 9 de octubre de 2010

Cuento de Navidad. Capítulo 1 El espectro de Marley

NOTA: POR ERROR OS PUSE QUE ESTA TAREA ERA PARA EL DÍA 11, CUANDO ES PARA EL DÍA 18. SIENTO HABEROS CONFUNDIDO. LOS PROFES SOMOS MALOS, PERO NO TANTO COMO PARA PONER TAREAS SIN AVISAR Y EN MEDIO DE UN PUENTE. JAJAJA
De todas formas algunos habéis demostrado ser unos alumnos ejemplares. Celia y Blanca  incluso ya han hecho la tarea. Lo siento. Que lo paséis bien.

Para el próximo día 18 (lunes) quiero que hayáis leído al menos el primer capítulo de esta obra. En vuestro blog debéis responder a las siguientes preguntas:

1.- Resume en unas cinco líneas (del blog) el contenido de este capítulo.
2.-Cómo es el narrador de la obra y cúales son los personajes principales y secundarios de la misma. ¿Qué los caracteriza?
3.- Argumenta qué te parece mejor, ¿tener una visión negativa o positiva de la vida? Explica las razones.


Cuento de Navidad
Capítulo 1: El espectro de Marley
de Charles Dickens

                                           ENLACE CUENTO DE NAVIDAD COMPLETO
Empecemos por decir que Marley había muerto. De ello no cabía la menor duda. Firmaron la partida de su enterramiento el clérigo, el sacristán, el comisario de entierros y el presidente del duelo. También la firmó Scrooge. Y el nombre de Scrooge era prestigioso en la Bolsa, cualquiera que fuese el papel en que pusiera su firma.
El viejo Marley estaba tan muerto como el clavo de una puerta.
¡Bueno! Esto no quiere decir que yo sepa por experiencia propia lo que hay particularmente muerto en el clavo de una puerta; pero puedo inclinarme a considerar un clavo de féretro como la pieza de ferretería más muerta que hay en el comercio. Mas la sabiduría de nuestros antepasados resplandece en los símiles, y mis manos profanas no deben perturbarla, o desaparecería el país. Me permitiré pues, repetir enfáticamente que Marley estaba tan muerto como el clavo de una puerta.
¿Sabía Scrooge que aquél había muerto? Indudablemente. ¿Cómo podía ser de otro modo? Scrooge y él fueron consocios durante no sé cuántos años. Scrooge fue su único albacea, su único administrador, su único cesionario, su único legatario universal, su único amigo y el único que vistió luto por él. Pero Scrooge no estaba tan terriblemente afligido por el triste suceso que dejara de ser un perfecto negociante, y el mismo día del entierro lo solemnizó con un buen negocio. (sigue)